Internacional

Netanyahu persigue la formación de su gobierno más complejo

Manuel Trillo

Jerusalén
Actualizado:08/04/2021 01:45h

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Benjamín Netanyahu tiene 28 días para que le salgan las cuentas y logre juntar los 61 escaños necesarios para formar gobierno en Israel. El primer ministro en funciones gana cuatro semanas de tiempo en un momento clave, que coincide con la fase del juicio que afronta por corrupción en la que han comenzado los testimonios de los testigos, y asegura que «no es imposible». Con la calculadora en la mano, sin embargo, las combinaciones que tiene sobre la mesa resultan las más complejas de sus últimos doce años consecutivos en el poder.

Por encima de la división tradicional entre derecha e izquierda, la cámara israelí, como la calle, se divide entre partidos pro y anti Netanyahu y los dos bloques necesitan el apoyo de los islamistas de Raam para tener opciones de gobierno. La baja participación en los que fueron los cuartos comicios en menos de dos años permitieron al partido de Mansour Abbas ganar fuerza y convertirse en la formación bisagra.

Reuven Rivlin encargó el lunes la formación de gobierno a Netanyahu porque fue el candidato que obtuvo más recomendaciones, 52. El presidente no pudo ocultar su «pena, porque tengo la impresión de que ninguno de los candidatos tiene la capacidad de formar gobierno», pero cumplió con la ley y dio el mandato a quien logró más apoyo. El líder del Likud tiene el respaldo firme de los dos partidos ultraortodoxos y de los colonos supremacistas de Sionismo Religioso. A ellos se podría sumar el ultranacionalista Naftali Bennet con los 7 asientos de Yamina, pero Netanyahu seguiría necesitando dos escaños más y la única opción sería conseguir dos tránsfugas o pactar con los islamistas de Raam. Este apoyo árabe, sin embargo, es una línea roja para Sionismo Religioso, que pide abiertamente la expulsión de Israel de aquellos árabes que no reconocen que Israel pertenece exclusivamente a los judíos.

«Debemos ser creativos, todas las opciones están sobre la mesa y la gente debe ser flexible», declaró el ex ministro de Likud, Danny Danon, cuando fue consultado por las opciones que tiene su partido. El analista político Ben Caspit comentó en las páginas del diario Maariv que el bloqueo permanece en la escena política debido a un Netanyahu que “trata de desmantelar las instituciones del estado desde dentro”. Esta es una opinión extendida entre quienes consideran que el primer ministro busca la mayoría elección tras elección para formar un gobierno que le permita aprobar una ley de inmunidad.

Si el panorama del primer ministro no es sencillo, el de la oposición tampoco lo es. Yair Lapid, líder de Yesh Atid, consiguió el apoyo de 45 diputados. El ex periodista de Tel Aviv dio un paso clave para poder superar los 61 asientos al ofrecer a Bennet una jefatura de gobierno rotatoria y cediéndole el primer turno. En este caso, el ejecutivo estaría formado por ocho partidos: Yesh Atid, Azul y Blanco, Yamina, Laborista, Yisrael Beiteinu, Meretz, New Hope y los islamistas de Raam. Sumarían 62 asientos y lograrían lo que parece imposible: apartar a Netanyahu del asiento de poder.

Netanyahu argumenta que su papel es clave para poder seguir con la campaña de vacunación masiva contra el coronavirus, hacer frente a la amenaza de Irán y frenar las investigaciones sobre crímenes de guerra abiertas por la Corte Penal Internacional (CPI). El problema es que las relaciones personales con los líderes que le podrían dar la mayoría es pésima y por ello se mantiene un bloqueo político que podría avocar al país a unas quintas elecciones. El primer ministro se juega de verdad su futuro y en estas situaciones límite es cuando suele demostrar que es un auténtico superviviente. Tiene 28 días de plazo para demostrarlo.

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