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“El Vaquero”, narco y política

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Había bajado su centro de operaciones a Nuevo León y San Luis Potosí. Su llegada sumergió a este último estado en el año más violento de todos los tiempos: 811 homicidios dolosos. Las huellas de su paso: encobijados, maniatados, torturados.

El gobierno de Tamaulipas ofrecía dos millones de pesos por su captura. Sus actividades incluían robo de hidrocarburos, extorsión, tráfico de drogas y la búsqueda de una ruta de traslado de fentanilo desde el centro del país hasta el otro lado de la frontera.

Tenía el control de Matamoros, que había convertido en su bastión y había logrado penetrar en Zacatecas, para sumarse a la ola de sangre causada por la guerra entre el Cártel de Sinaloa y el Cártel Jalisco Nueva Generación.

Evaristo Cruz, “El Vaquero” o “El Señor 46”, era la figura más visible en la pugna surgida al interior del Cártel del Golfo. Se convirtió en una figura criminal relevante tras la detención de José Alfredo Cárdenas Martínez, “El Contador”, sobrino de Osiel Cárdenas Guillén, exlíder del cártel del Golfo y fundador de los Zetas.

El Contador fue detenido en dos ocasiones. Primero, en febrero de 2018. Sin embargo, violaciones al debido proceso cometidas durante la captura provocaron su liberación días más tarde. Un año después volvió a caer por secuestro agravado. Pasó siete u ocho meses en prisión, antes de volver a ser liberado.

En ese periodo comenzó la visibilidad de Evaristo Cruz, El Señor 46. En abril del año pasado, sujetos fueron captados repartiendo despensas en zonas rurales de Ciudad Victoria y Matamoros. Las cajas repartidas tenían la leyenda: “Cártel del Golfo en apoyo de Ciudad Victoria” y “Cártel del Golfo en apoyo de Matamoros”. En ambos casos aparecían firmadas por “Señor 46. Vaquero”.

A mediados del año pasado, un cateo del gobierno de Tamaulipas en tres de sus propiedades arrojó el hallazgo de caballos, vehículos de lujo, aves exóticas, motos acuáticas e incluso, según reportó la prensa, de una pistola bañada en oro en cuyas cachas había el relieve de la Santa Muerte.

La presión lo hizo moverse a Nuevo León, y más al sur, a los estados del centro.

Una versión indica que su captura, ocurrida la mañana del martes 6 de abril a manos del Ejército, en una casa situada en Salinas Victoria, Nuevo León, sucedió mientras Cruz iba a reunirse con un jefe de plaza del Cártel Jalisco, a fin “discutir el financiamiento de campañas políticas” en el norte del país.

En el mismo operativo fue aprehendido el candidato de Movimiento Ciudadano a dicha alcaldía, Raúl Cantú de la Garza. Según el parte del Ejército, al candidato se le aseguraron drogas, tres armas largas, 80 cartuchos útiles, así como joyas y dinero.

A principios de este año, una mujer fue detenida en la colonia Roma Sur por elementos de la policía capitalina y efectivos de la Sedena. Le hallaron 280 mil dólares y 50 dosis de marihuana. Según la Secretaría de Seguridad Ciudadana, la joven, Lesly Valencia, había llegado a la ciudad de México a realizar un intercambio de droga y dinero. Fue ubicada como integrante del grupo Los Ciclones, y operadora de Evaristo Cruz, “El Vaquero”.

La caída del “Vaquero”, al lado de la de Cantú de la Garza, deja adivinar el tejido de alianzas del crimen organizado; vislumbrar los acuerdos que han permitido al Cártel del Golfo mantener brazos criminales en al menos cuatro estados del norte, y realizar operaciones en lugares aparentemente tan lejanos de su bastión como la ciudad de México.

Política, droga a gran escala, muerte a gran escala, corrupción a gran escala. Nada mal para un capo que –hasta que un juez diga lo contrario– brilló en el mundo del mal, digamos que tan brevemente.

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