Internacional

Los vuelos nocturnos secretos entre China y Birmania: ¿armas, soldados o marisco?

Protestas contra el golpe militar en las calles de Rangún este martes.

Actualizado Martes,
23
febrero
2021

16:41

En los vuelos entre Rangún y Kunming, que no aparecen registrados, podrían estar llegando tropas chinas para ayudar al ejército birmano a frenar la desobediencia civil en la red

Protestas contra el golpe militar en las calles de Rangún este martes.EFE
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Los monjes budistas del monasterio de Masoeyein Taik Thit y los imanes de las mezquitas lideraron el lunes las protestas durante la huelga general en Mandalay, la segunda ciudad más grande de Birmania. Escenas similares se han visto este martes, también en Rangún y en la capital, Naipyidó. Cientos de miles de personas, reclamando la vuelta de una democracia de la que sólo han disfrutado una década, han vuelto a salir a las calles por decimoséptimo día consecutivo desafiando a los militares que tomaron el poder el pasado 1 de febrero.

Fuera de las calles, la lucha por la democracia en Birmania también está en el ciberespacio. Desde el golpe de Estado, el gobierno militar ha procurado un gran cortafuegos en internet, bloqueando las redes sociales occidentales y cortando los navegadores. Como respuesta, un grupo de piratas informáticos, Myanmar Hackers, inició una guerra cibernética tumbando las webs de algunas instituciones gubernamentales, como la emisora estatal MRTV y la Administración de Alimentos y Medicamentos.

Estos días, entre el movimiento de desobediencia civil que desafía a las autoridades militares, han empezado a correr rumores de que han llegado a Birmania técnicos chinos para ayudar al ejército a construir esa gran muralla digital censora al estilo de Pekín. Incluso los rumores van más allá, como se puede ver en algunos hilos de Twitter, donde los manifestantes piden que se analicen las imágenes de las protestas por si alguien detecta a soldados chinos infiltrados entre las fuerzas armadas desplegadas en las calles.

Todas estas suposiciones vienen a raíz de los vuelos secretos que hay todas las noches entre China y Birmania. Sobre esta información, que mencionaron la semana pasada un par de medios locales del Sudeste Asiático en sus crónicas sobre las protestas, el Instituto Australiano de Política Estratégica(ASPI) publica hoy más detalles en un informe firmado por la investigadora Susan Hutchinson.

“Cada noche, durante más de una semana, vuelos no registrados entre Yangon (Rangún) y Kunming (capital de la provincia de Yunnan, al sur de China) han estado transportando bienes y personal desconocido desde China a Birmania. El régimen militar que ahora está a cargo de Birmania está tratando de ocultar los vuelos”, aseguran desde ASPI.

“El gobierno chino y la compañía Myanmar Airways han afirmado que los aviones transportaban productos del mar. Sin embargo, los detalles de los vuelos en cuestión hacen que sea muy poco probable. La situación en Birmania sugiere dos posibilidades para lo que transportan los aviones. Una es que están trayendo tropas chinas y especialistas en cibernética para ayudar al Tatmadaw -como se conoce al ejército birmano- a controlar el acceso a la información e Internet. La otra es que están aumentando las tiendas de armas del Tatmadaw”.

Cinco vuelos diarios difíciles de rastrear

Cuando los militares birmanos tomaron el poder, prohibieron los vuelos internacionales. Pero cada noche, hay un promedio de cinco vuelos entre Rangún y Kunming. Estos aviones van con los transpondedores apagados, por lo que no aparecen en los radares. Tampoco hay registro de las horas de partida de estos viajes en las bases de datos de vuelos internacionales.

“Sabemos que los transpondedores funcionan porque podemos ver que se han apagado para vuelos específicos y luego se han encendido para otros. Más allá de eso, el aeropuerto de Kunming no los ha registrado en línea como llegadas. El hecho de no incluir los horarios de salida y llegada programados, a diferencia de los horarios reales, hace que sea particularmente difícil rastrearlos en bases de datos de vuelo de código abierto”, analizan desde el instituto australiano.

ASPI asegura que su información se basa en los datos enviados vía satélite, así como de testimonios de los trabajadores del aeropuerto de Rangún y miembros del movimiento de desobediencia civil de Birmania, que han publicado fotos en Twitter desde el aeropuerto con los detalles de los vuelos.

“China es el quinto exportador de armas del mundo, exportando más de 16.200 millones de unidades de municiones en los últimos 15 años. Pekín ha estado favoreciendo acuerdos con socios de la Iniciativa Belt and Road, y Birmania ha sido uno de los tres principales importadores durante la última década. Kunming, en particular, alberga una importante unidad de artillería, así como una variedad de unidades de inteligencia de señales y cibernéticas, incluida una centrada en operaciones en el Sudeste Asiático”, sentencia el informe.

Hace un mes, el general Min Aung Hlaing, líder de la junta militar que gobierna Birmania, se reunió con el ministro de Exteriores de China, Wang Yi. Un encuentro bautizado como “fraternal” por la prensa del gigante asiático. “China aprecia que el ejército de Birmania tome la revitalización nacional como su misión”, dijo Wang.

Después de aquella reunión, algunos medios de Birmania destacaron que sus militares compartieron con el ministro chino sus quejas por el supuesto fraude ocurrido en las pasadas elecciones del 8 de noviembre, en las que la Liga Nacional para la Democracia (LND), el partido que lidera Aung San Suu Kyi, había arrasado en las elecciones con más del 80% de los escaños del Parlamento. Además, la prensa local contó que antes de que Wang se volviera a Pekín, el general Min Aung Hlaing podría haber compartido con él los futuros movimientos del Ejército tras impugnar los resultados de los comicios.

China ya respaldó en el pasado a la dictadura militar que estuvo al mando en Birmania desde 1962 hasta 2010, incluso protegió de sanciones internacionales a los militares birmanos tras el genocidio rohingya de 2017. Aunque también, durante la última década del gobierno liderado por Suu Kyi, ambos países han mantenido una relación cercana, con la Premio Nobel de la Paz visitando en varias ocasiones Pekín y apoyando proyecto de la Franja y la Ruta del presidente Xi Jinping.

La semana pasada, el embajador chino en Birmania, Chen Hai, dijo en una entrevista que “el desarrollo actual en Birmania no es en absoluto lo que China quiere ver”. También destacó su buena relación con Suu Kyi y su apoyo a las “labores de mediación” del enviado especial de la ONU en el país.

Sin embargo, desde el golpe de Estado del 1 de febrero, mientras la comunidad internacional, con Estados Unidos a la cabeza, pedía la restauración de la democracia y la liberación de los líderes políticos y activistas detenidos, desde Pekín definieron al principio lo ocurrido en su país vecino como una “importante reorganización del gabinete”, para después pedir a las demás naciones que “no interfirieran en los asuntos internos de Birmania”.


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