Internacional

Rebelo de Sousa, reelegido presidente de Portugal según los primeros sondeos

Francisco Chacón

Corresponsal en Lisboa
Actualizado:24/01/2021 21:47h

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Portugal ha renovado su confianza en Marcelo Rebelo de Sousa como presidente de la República para que complete su labor conciliadora en un segundo mandato consecutivo. Entre el 58 y e 62% de los electores se encomendaron a él, según apuntaban los primeros sondeos tras el cierre de los colegios electorales. No habrá, por tanto, una segunda vuelta porque, al obtener más del 50%, ya no será pertinente.

La sorpresa vino en el segundo lugar porque se esperaba que tomase la delantera la socialista Ana Gomes, pero irrumpió André Ventura desde las filas de Chega (similar a Vox) y le disputó hasta el último momento la plaza.

Su popularidad no ha dejado de crecer desde que tomó las riendas del Palacio de Belém cinco años atrás y ha contentado a los círculos de un signo y de otro, especialmente al centro izquierda y al centro derecha.

Como casi siempre que no corresponde escoger a los diputados de la Asamblea, el enemigo de la abstención amenazaba con aguar la velada democrática. En principio, puede rondar entre el 50% y el 60%, de acuerdo con los análisis de las cadenas de televisión con más audiencia.

En este sentido, la corporación pública RTP hablaba de una franja del 50% al 55%, mientras que la privada SIC optaba por un índice mayor: del 56% al 60%. Con todo, un poco menos que la catástrofe participativa que se temía, especialmente porque si superase el 70% estaba casi garantizada la celebración de esa segunda vuelta que recoge la ley electoral.

La clave del éxito de Sousa

Así las cosas, basta un ejemplo paradigmático para explicar el éxito de Rebelo de Sousa: él procede de las filas del PSD, el principal partido conservador, pero ha concitado el beneplácito de numerosos pesos pesados del Partido Socialista, que lo prefirieron en 2016 e igualmente ahora.

Son las peculiaridades políticas de este Portugal azotado por la pandemia en un grado altamente virulento. Sí, porque los ciudadanos de la cuna del fado demuestran decantarse por los socialistas desde el punto de vista legislativo, pero han apuntado al talante moderado en el caso de la presidencia: de hecho, pasaron de Aníbal Cavaco Silva a un Marcelo Rebelo de Sousa ferviente defensor de la fraternidad con España, como demuestra hablando nuestro idioma con total fluidez.

La única sombra en esta confirmación de su labor apaciguadora ha sido que la convocatoria de estos atípicos comicios presidenciales ha llegado en el peor momento para Portugal porque la presencia de las variantes británica, brasileña y sudafricana del coronavirus en su territorio ha disparado los contagios. Tanto es así que, precisamente, este domingo 24 de enero, día de la cita con las urnas, se batió el récord de muertes diarias con 275 y en la jornada anterior la media era de 11 fallecidos cada hora.

Una mujer, con traje protector, se ocupa de desinfectar un colegio electoral en Lisboa
Una mujer, con traje protector, se ocupa de desinfectar un colegio electoral en Lisboa – AFP

Los hospitales se hallan colapsados y el sonido de las ambulancias invade las calles de Lisboa en medio del silencio sepulcral de una ciudad fantasma, como todas las demás al otro lado de la frontera.

Por tanto, las preguntas eran obvias: ¿realmente se daban las condiciones para celebrar unas elecciones? ¿no habría sido más conveniente aplazar la emisión de los votos? Miles de portugueses creen que debían haberse escuchado semejantes reclamaciones, pero también es verdad que la gravedad de la crisis sanitaria se ha acelerado en un plazo muy rápido de tiempo y ya no quedaba margen para activar los mecanismos constitucionales necesarios con el fin de posponer esta llamada a los más de 10 millones de electores.

Todavía sin datos concretos, Rebelo de Sousa estaba llamado a arrasar frente a Ana Gomes, André Ventura, Joao Ferreira (comunista) y Marisa Matias (Bloco de Esquerda).

Sin datos de los sondeos

Los colegios electorales, donde se palpaba el miedo a que no se respetara la distancia de seguridad, cerraron a las 19.00 hora portuguesa (20.00 en la España peninsular). Pero, en esta ocasión, los múltiples sondeos a pie de urna quedaron prohibidos debido a las circunstancias del grave brote infeccioso de covid-19.

Oficialmente, se autorizó una tarea similar por parte de cuatro empresas determinadas, pero no trascendió en qué condiciones iban a realizar sus funciones. De hecho, pasaban los minutos después de la clausura de los centros de voto y no había ni rastro de los habituales sondeos. Hasta el punto de que dos de los candidatos en liza declararon resignados que iba a ser «una larga noche electoral».

Tan larga como las colas que se vieron durante todo el día en muchos puntos de recogida de sufragios en Lisboa, Oporto, Braga, Faro, Aveiro, Coimbra, Funchal, Ponta Delgada o Angra do Heroísmo.

En vista del difícil contexto de la pandemia, apenas hubo lugar para las tradicionales anécdotas de una jornada de estas características. Bastante que la gente salió de casa en mayor medida de la que se aguardaba para depositar su papeleta, pero la verdad es que la alegría no reinaba precisamente en las filas ante los colegios electorales, tal corresponde a una época complicada para un país que ha ido e más a menos en la gestión sanitaria: del buen comportamiento inicial a un relajamiento que ha desembocado en una verdadera emergencia de norte a sur.

Únicamente en el Portugal profundo se apreciaba un cierto sosiego. Siempre teniendo en cuenta que a los ciudadanos lusos les despierta una gran simpatía la figura presidencial.

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